miércoles, 14 de febrero de 2007

¿Porqué decir "pulp" si podemos llamarlas "novelas de a duro"?

Aquí en España a los cómics se les ha llamado hasta hace bien poco tebeos, y a la literatura pulp se le ha solido conocer con el apelativo de bolsilibros o novelas de a duro.

Y todo porque aquí la literatura pulp,se editó en formato de pequeños y cómodos libros de bolsillo que luego se cambiaban en los puestos de pipas o kioskos por otros "nuevos" que no se hubieran leído; en lugar de publicarse en grandes revistas impresas en papel barato (de ahí viene lo de pulp, del tipo de papel usado en esas revistas), tal y como se hacía en los Estados Unidos.

En efecto, las novelas de a duro norteamericanas y los bolsilibros españoles tienen muchos puntos en común.

En ambos formatos se publicó principalmente literatura popular para satisfacer las necesidades básicas de lectura de entretenimiento de los lectores. Lo que no impidió (aun con las limitaciones impuestas por el espacio y los editores) que se publicaran tanto en los pulps como en las novelas de a duro obras de excelente factura. Así, grandes plumas como Robert E. Howard, H. P. Lovecratf, Domingo Santos o Francisco González Leresma (Silver Kane) han publicado el grueso de su obra dentro de estos formatos de literatura popular.

Las novelas publicadas para estos mercados destacan por su corta extensión. Un bolsilibro español apenas solía extenderse más de cien o ciento veinte páginas y una novela corta (o relato largo) publicada en una revista pulp solía contar con un mismo número de páginas en caso de ser editada en formato libro.

Y, ante todo, en ambos casos lo que se publicaba era literatura de género. De esta manera el western, las novelas románticas, el terror, la fantasía, el policiaco o la ciencia ficción coparon el grueso de las publicaciones de la literatura popular de ambos países.

Por ello, en próximos artículos de este blog, cuando nos refiramos a los bolsilibros o a las novelas de a duro, estaremos hablando de los pulps.